Resulta que un día me di cuenta que mi cama es lo suficientemente grande para esconder las ganas de una pelea de pies fríos en medio de la noche. Pero, también es lo suficientemente enorme para que quepa una ausencia. Y más de una mitad sin usar. A esta cama le sentaría bien una sábana de caricias en mi espalda y digamos… unos mil besos de “buenos días”. Me quiero despertar destapada de ropas pero cubierta de abrazos. Porque también quiero de almohada un pecho y manos de almohadones. En esta cama hay lugar para dos plazas y media de migas de desayunos improvisados. (Y de cenas desordenadas). Es tan grande, que entra un universo de recuerdos y otros dos de fantasías. (Por las dudas, ya guardé mi pijama invisible bajo la almohada).
En esta cama, caben también las ganas de que me despierten por la noche, porque el amor no nace si no se hace… y si no se hace, se olvida.
y dar mil vueltas en la cama intentando encontrar ese abrigo que las frazadas y las colchas no pueden dar, hasta que su recuerdo en sueños se hace más felizmente real que su ausencia.
11 comentarios:
Hermoso. Esperanzador. Valiente. Qué se yo, hermoso. Gracias.
Oh!... Que lindo comentario!
Aww, tierno texto *.*
genia total.
Me dejaste boquiabierto...
Qué infeliz será ese ausente cuando sepa lo que está perdiendo.
qué feliz manera de contar algo tan triste. me llegó!
Naaaaaaaaa, es como andar en bici. No te olvidas más.
=P
Muy bueno!
muy buena forma de expresarlooo :)
y dar mil vueltas en la cama intentando encontrar ese abrigo que las frazadas y las colchas no pueden dar, hasta que su recuerdo en sueños se hace más felizmente real que su ausencia.
Publicar un comentario
Oh, Comentas?